Fez

Fez es la tercera ciudad de Marruecos y, a pesar de no ser tan turística como la famosa Marrakech, conserva la medina más antigua y auténtica del país.

A nuestra llegada nos recibe un amigo de allí que con los brazos abiertos nos acoge en su casa. El ajetreado tráfico, las calles polvorientas, el calor del té y agradables conversaciones nos dan la bienvenida al país.

A la mañana siguiente madrugamos y cargamos fuerzas en una típica lecheria donde probamos las delicias que conforman el desayuno marroquí. (Laiterie El Atlas, 112 BD. Al Hoceima)

La ciudad esta contituida en tres, Fes el-Bali (la medina antigua), Fes el-Jdid (Palacio Real y barrio judío) y la Ville Nouvelle (parte moderna). Nosotros tan solo tenemos un día y lo dedicamos a recorrer las laberínticas calles de Fes el-Bali.

La puerta azul, Bab Boujloude, es el inicio de miles de coloridas calles llenas de espejos, perfumes, platería, babuchas, bolsos, chilabas, tambores, alfarería, cerámica, forjados, especias y todo tipo de artesanía local.





Los distintos gremios profesionales se agrupan en barrios, y asi encontramos calles ocupadas por forjadores, carpinteros, alfareros,... que, además de vender,trabajan allí mismo sus productos con técnicas ya perdidas en el mundo occidental.



Las fotografias es algo que hay que consultar antes de lanzarse a sacar retratos. Mucha gente no quiere y se enfada en cuanto ve la cámara.

La gente local hace sus compras, los turistas merodeamos sin rumbo y entre el ir y venir de gente interrumpen los burros que cargados hasta los topes llevan las pieles a las tenerias.



El trabajo de curtir y teñir la piel es algo único de ver en la ciudad de Fez.
Tras algunas casas se esconden las famosas tenerias, patios repletos de fosas de ladrillo llenas de coloridos tintes naturales. Las de Al-Chauara son las más impresionantes.




La mayoría de casas que las rodean son tiendas de marroquineria que te invitan gratuitamente a contemplar desde sus azoteas el trabajo de los hombres que con gran esfuerzo lavan, secan y tiñen la pieles.







Entre el ajetreo del zoco existen remansos de paz en las mezquitas y madrazas que esconden las murallas de la medina. Visitamos la Madraza de Bou Inania, una escuela con un gran patio central de exquisita riqueza ornamental.




Las mezquitas no se pueden visitar y hay que conformarse con admirarlas desde fuera. El laberinto de calles toma un respiro al llegar a la plaza de la bonita fuente Nejjarine, uno de los pocos espacios abiertos que encierra la medina.



Al caer el sol nos reponemos del pateo con un buen té en una de las terrazas que hay junto la puerta azul.

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